Módulo 1

 A lo largo de la historia la desigualdad entre hombres y mujeres se ha manifestado de maneras muy diversas. Desde la antigüedad, en las civilizaciones occidentales, el hombre ha tenido un papel predominante, mientras la mujer quedaba relegada al ámbito doméstico, al cuidado del hogar y de los hijos. Esta situación, mantenida a lo largo de los tiempos, venía avalada, además por las tesis de los filósofos que consideraban a la mujer un ser inferior, incapacitada para optar a cualquier posición fuera del hogar familiar debido a su limitada capacidad racional y a su carácter débil. Incluso Nietzsche consideraba que los hombres eran demasiado corteses con las mujeres y que, si hacía falta, había que pegarles para someterlas a la voluntad de su protector.

Por todo ello las mujeres han ocupado un lugar secundario, siempre sometidas a la voluntad del padre, el hermano o el marido. Solamente en los últimos tiempos y a raíz de la aparición del movimiento feminista, las mujeres han podido optar a ocupar roles antes reservados exclusivamente al varón.

Podría pensarse que esta desigualdad no es violencia en sí misma, pero si tenemos en cuenta la situación subordinada de la mujer en contra de su voluntad, podemos concluir que, para aquellas mujeres deseosas de desarrollar sus aspiraciones esta imposición no se puede calificar de otro modo que de violencia contra la mujer. También podríamos pensar que en el día de hoy esta situación ha desaparecido, que en nuestro país las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres de desarrollar sus capacidades e inquietudes, pero no es así.

El décimo informe de la Fundación ADECCO sobre la situación de exclusión de las mujeres en el mercado laboral presentada con motivo del pasado 8 de marzo, pone sobre la mesa los siguientes datos:

  1. Respecto de la actividad laboral el número de mujeres empleadas en 10 puntos porcentuales inferior al de los hombres.

  2. El número de mujeres dedicadas exclusivamente a labores del hogar es del 87 % 

  3. Del total de contratos celebrados a tiempo parcial por motivos de cuidado de familiares el 92% son mujeres

  4. La tasa de paro femenino es un 3% superior a la de paro masculino.

  5. Del total de persona paradas de larga duración hay un 26% más de mujeres que de varones.

Todo ello nos indica que la desigualdad sigue presente en el mundo laboral puesto que la actividad laboral de la mujer sigue estando mediatizada por su dedicación casi en exclusiva a las tareas del cuidado de los hijos y del cuidado del hogar familiar. Es indicativo que, una vez agotada la prestación por desempleo, la mayoría de las personas que solicitan el subsidio son mujeres.

Por todo ello es imprescindible favorecer la conciliación de la vida familiar y laboral si realmente queremos una sociedad entre iguales, en las que las mujeres tengan las mismas posibilidades en el ámbito laboral que los hombres.

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